Estoy nerviosa. La verdad es que no he salido con muchos chicos. En realidad, solo con Gabriel, pero no duramos mucho. Y no he pensado mucho sobre los chicos. Quiero decir, que nunca me han gustado muchos chicos. En realidad, solo Gabriel.
Ian me cae bien, aunque lo conozca poco. Y ahora que lo pienso, es bastante raro que no haya sido antipática con él. Muy raro. No suelo conectar bien con la gente que acabo de conocer, es algo imposible para mí. Excepto con Ian, aunque también es verdad que nos conocimos de una manera extraña.


Fui caminando por el bosque, y era un buen día. Se oía a los pájaros cantar y el cielo estaba despejado y soleado. Olía a naturaleza, a pino y laurisilva, me encantaba. Llegué al acantilado, estaba vació. Habíamos quedado a las 11:00 y eran las 10:20 así que no me extrañaba, me acosté en el suelo, saqué mi iPod y me puse a escuchar algunas canciones. Un rato después apagué el iPod y me puse a escuchar el mar, las olas chocando contra las rocas. Me relaje tanto que me quedé dormida.
Un crujido me despertó. Me giré pero no vi a nadie. Lo mas probable es que fuera algún animal. Mire la hora en el iPod, pero por suerte todavía faltaban unos 7 minutos para las 11:00, así que Ian debía estar al caer. Me senté al borde del acantilado, mirando las rocas y como las olas chocaban contra ellas. Me quedé hipnotizada viendo como la espuma salpicaba y la belleza del mar, como refulgía el sol contra el agua cristalina... Me alegraba estar allí.
- Es una vista increíble, inimaginable ¿verdad? - me dijo Ian, desde detrás, pegándome un susto de muerte y haciéndome pegar un bote. El sonrió , levantando ligeramente la comisura izquierda. Una sonrisa muy... Sexy.
- Si, es una vista perfecta.- El sonrió aún más. -Nos podemos quedar un rato, si quieres.
- Sí, me gustaría estar aquí, un rato.
Nos tendimos sobre la hierba, y me quede boca abajo, con la cabeza asomando por el acantilado, mirando hacia las rocas. Yo me quedé mirando las olas, mientras Ian estaba tendido boca arriba, mirando al cielo. Le miré a hurtadillas, ahora que me fijaba, llevaba una camiseta oscura que le marcaba ligeramente los abdominales, pero no era la típica camiseta que marcaba todo y lo elegía la persona por chulería, para presumir. Más bien marcaba poco, no le hacía parecer chulito. Llevaba una cazadora marrón claro y unos vaqueros. El pelo negro estaba despeinado, de una manera muy sexy.
Suspiré, no podía dejar que la apariencia física me dejara tan... anonadada. Levantándome, le dije:
- ¿Nos vamos ya? ¿O quieres que nos quedemos?
- No, si no nos vamos ya se puede hacer muy tarde. - Se levantó agilmente.
- Conozco un atajo para llegar al pueblo, sígueme.
Nos metimos por el camino por el que yo había venido, pero nada más entrar por ese camino, me di cuenta de que había un pequeño camino, menos notable, del que no me había dado cuenta. Fuimos por ese camino, y en unos ocho minutos o así el camino se volvió más notable para la vista. Sentía mucha curiosidad por el bosque.
- ¿Te importaría que te haga unas preguntas?- le digo.
- No me importa, pero por cada pregunta que yo responda, yo te preguntaré a ti.- sonrío, de una manera que me hacía sentir curiosidad por que me preguntaría. Y un poco... asustada.
- Hecho. Primera pregunta: ¿como encontraste el bosque?
- Un día, mi familia decidió venir de picnic al bosque. Yo tendría unos 8 años, estaba emocionado porque acababa de recibir la noticia de que iba a tener una hermanita. Después de comer, mis padres se quedaron dormidos. Yo fuí a explorar por el bosque y descubrí muchos sitios nuevos. A partir de ese día, cuando necesitaba pensar o me aburría, me iba al bosque, sin que mis padres se enteraran. Y desde entonces me voy al bosque cuando puedo.
- Que interesante. ¿Y en ese primer día, cuando viniste de picnic con tu familia, fue entonces cuando encontraste el acantilado?
- De eso nada, primero me tienes que responder tu a mí. ¿Desde cuando estás en el pueblo?
- En realidad desde hace solo un par de semanas. Ahora responde tu.
- No encontré el acantilado ese primer día, lo descubrí después de mucho explorar. Ahora me toca a mí, ¿ porque te has mudado al pueblo?
- Esa es una pregunta muy personal para mí.- No me sentía preparada para decirle a nadie que mi madre había muerto y que por eso me había mudado al pueblo. No podía si no era alguien al que conocía desde que era pequeña.- Lo siento pero... no te lo puedo decir.
- Tranquila, no pasa nada. Pero ahora tienes que responder a otra pregunta. ¿ Qué aficiones tienes?
- Pues me gusta tocar el piano, me encanta leer, me encanta cantar y me encanta el cine. También me encanta el mar y adoro a los animales. Ahora te toca a ti ¿qué aficiones tienes tú?
- Me encanta la música, los animales y el cine. Por cierto, detrás de esos arbustos está el pueblo. Ya hemos llegado.
Antes de darme cuenta, con la conversación, había perdido la noción del tiempo. Había unos arbustos delante nuestra, y se podía ver un edificio detrás de los arbustos pero no se veía nada más. Sentía curiosidad ¿como sería el pueblo? ¿Y que clase de gente viviría en él?